Otra Forma de Morir

     Gustavo Wilches-Chaux
Lecturas Dominicales - El Tiempo - Colombia

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Haga el ensayo, pregunte a una persona cercana a sus afectos,
¿qué haría si un médico le dijera que le quedan 15 días de vida?

Respuesta probable: "¡No hable de eso!". Insista. Pregunte nuevamente.

     Respuesta casi segura: "Trataría de disfrutar al máximo esos 15 días.
     Trataría de que aprovecháramos cada segundo. Me preocuparía por la
   calidad de nuestra relación durante esos quince días".

     Su siguiente pregunta : ¿Por qué esperar entonces a que nos queden
     quince días?  ¿Por qué no empezar ya?  ¿Por qué no preocuparnos desde
     este mismo instante por la calidad y calidez de nuestra relación?

Uno debe vivir siempre como si no se fuera a morir nunca, pero al
     mismo tiempo, como si sólo le quedara un día.  La presencia permanente
     de la muerte, lejos de ser una actitud macabra o pesimista, es la
     conciencia de que la vida es un recurso natural limitado.  
Renovable sí... pero con otros.

     Válido que a uno no le preguntaran "¿Cuántos
     años tiene?" , sino "¿cuántos se ha gastado?  

Cuando pensamos que la vida es infinita, nos dedicamos a desperdiciarla:
dejamos abierto el grifo de la vida y, sin darnos cuenta, se nos va por el sifón.  

Cuando quitan el agua, nos lavamos los dientes y las manos con medio vaso:
cada sorbo es delicioso.  Cada gota es "El Agua".

     Una de las razones por las cuales nos resulta tan dolorosa la muerte
     de una persona cercana, es por la cantidad de cosas que se quedan sin
     decirse, por la cantidad de sentimientos que hubiéramos querido haber
     expresado, pero nunca nos atrevimos a decirlos; por la cantidad de
     cosas que hubiéramos querido haber oído y nunca nos dijeron; por la
     cantidad de momentos valiosos que se nos fueron por el sifón; por la
     cantidad de caricias que se nos quedaron enredadas en los dedos.
     Algunas veces se nos aparecen los muertos en los sueños, y tratamos de
     asirlos, de retenerlos, de saldar esas cuentas pendientes de afectos,
     antes de que se desvanezcan.

     Sin embargo, cuando nos encontramos con los vivos, callamos...
     aplazamos... Somos nosotros quienes nos disolvemos, en nuestras
     propias brumas... en los días no vividos.


¿Con qué frecuencia les dices un TE QUIERO o TE AMO a tus seres
     queridos?... ¿O te quedas entre los que piensan..."no tengo necesidad de
     decirlo, porque lo sabe"?...

¿O tan sólo esperabas lo aquí escrito?

 

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