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El Descuido es una Forma de Maldad
Cuando ella tomo la primera galleta, el hombre también tomo una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Sólo pensó: "Pero qué descarado, si yo fuese hombre le daría un golpe en el ojo para que nunca mas se le olvide". Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la indignaba tanto, que no lograba reaccionar. Cuando quedaba sólo una galleta, pensó: "¿Qué será lo que este abusador va a hacer ahora?". Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah, aquello era demasiado! Se puso a bufar de la rabia, entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando ya en el interior del avión se sentó confortablemente en su asiento, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa, su paquete de galletas estaba allí... todavía intacto, ¡cerradito! Sintió tanta vergüenza... Sólo entonces percibió lo equivocada que había estado: ¡Por su descuido había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa! El hombre había compartido las de él sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella se había puesto muy enojada, pensando que él había estado comiendo de las de ella, y ya no había tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.
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