Partiendo de Cero (1) Me gustaría poder explicar en pocas palabras el sentido de mi pensamiento - sentimientos - trabajo - misión, pero no es fácil. Sin embargo lo intentaré. Para ello imaginaré un proceso mental mío partiendo de cero, o sea, lo que yo podría pensar si de pronto apareciese en este planeta, venido sin saber de dónde ni a qué, olvidado de todo lo anterior, si es que alguna vez hubo algo anterior para mí, y de repente tomase consciencia de mí mismo, y me dijese qué rayos hago aquí, quién soy?, y luego comenzase a elaborar un método, una guía para saber qué hacer en este mundo, cómo manejarme en él, cómo conducir mi vida, hacia dónde ir, qué buscar... ¡¿qué?! Supondré que no será la lucha por sobrevivir mi única o principal inquietud, supondré que el problema de casa, comida, salud, abrigo y protección, incluso afecto y sexo, ya está resuelto. Haré como si esas necesidades mías ya satisfechas fuesen un automóvil con el tanque lleno de gasolina a mi disposición, y que yo soy el conductor. Buen coche, tanque lleno, pero... ¿hacia dónde ir?... Para guiarme en ese experimento buscaré la lógica, pero una
lógica que tenga en cuenta mis sentimientos, mis sensaciones internas, mis necesidades
del alma, mis instintos. Vamos allá entonces. Estoy en este mundo, no sé nada, pero siento que amo porque me produce algo así como dolor el ver que alguna criatura sufre, yo incluido. Y porque me produce algo así como alegría o placer interior el ver que alguna criatura es feliz, yo entre ellas. Primera conclusión, una vez resueltas mis necesidades básicas: amo. No sé por qué, pero amo. Me gustaría que el ciego pudiese ver, que quien tiene hambre pudiese comer, que quien tiene frío pudiese tener abrigo, que el enfermo sanase, que las personas, los animales y las plantas fuesen felices, que nadie engañase a nadie, que nadie atacase ni hiriese a nadie, que se pudiera confiar en toda la gente, que los delincuentes encontrasen medios de vida que no hicieran daño a nadie, que nadie tuviese temor, que las ideologías y las creencias (cosas muy parecidas) no dividiesen ni hiciesen sufrir a las personas, que el mundo fuese un lugar de felicidad para todas las criaturas que lo habitan, en forma especial para el ser humano, que parece ser la criatura que más sufre en este planeta, porque es la única que no puede confiar en sus semejantes. Sigo pensando, amo, una vez resueltas mis necesidades básicas, esa es la fuerza dominante de mi ser: amor. Sigo pensando, descubro elementos de solidaridad, una forma de amor, entre casi todas las criaturas, especialmente entre las más avanzadas, como el delfín y otras, y también en muchos seres humanos, tal vez en todos, aunque algunos no sean conscientes de ello. Sigo pensando, no me creé yo mismo, por lo tanto supongo que algo, o más bien alguien es el diseñador de este asunto llamado vida, de las leyes naturales, de todo lo que me toca experimentar; de esta película que me toca presenciar y vivir. Sigo pensando, ese alguien, evidentemente tiene en muy alta consideración la fuerza amor, puesto que es la fuerza dominante en mí y, de un modo u otro, de las criaturas en general, de la vida en general. Sigo pensando, o más bien, ahora comienzo a observar en mí lo que la fuerza amor me produce. La dejo fluir, me dejo amar, me permito sentir amor, entonces ingreso como en un estado de lucidez superior; desde allí me parece comprender mejor todas las cosas, incluso alcanzo a vislumbrar los motivos de ese alguien, y veo que también son amor, que el Universo y yo fuimos creados por amor, por el amor de ese alguien, al que en lo sucesivo llamaré Dios. Sigo pensando... (Continuará).
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